Sobre Soleado

Fue entonces cuando comprendí algo esencial: cuidar no bastaba. Era necesario acompañar, humanizar y sostener. Y después, mi vida cambió. Convertirme en madre fue un verdadero punto de inflexión.
Descubrí la
matrescencia, el cansancio de las noches interrumpidas, la carga mental, las elecciones cuestionadas y las tormentas que ponen al pareja a prueba. Estas experiencias me llevaron a buscar respuestas, a formarme y a transformar mi recorrido personal en una misión profesional. Porque, en el fondo, acompañar a las personas es lo que siempre me ha impulsado.

Comencé mi vida profesional en unidad de cuidados intensivos: un universo exigente, donde cada gesto cuenta y todo puede cambiar en un instante.
Pero detrás de las máquinas y los cuidados, hubo algo que me conmovió profundamente: fueron, sobre todo, las familias afectadas y conmovedoras las que me marcaron. Su sufrimiento me enseñó que apoyar y acompañar era tan importante como curar.
Es esta pasión por el acompañamiento de las personas lo que me sigue motivando hoy en día.
Estos familias que se mantenían en pie por amor, incluso cuando todo se desmoronaba a su alrededor.

Mi acompañamiento es concreto, respetuoso y 100 % personalizado, porque cada uno y cada familia tiene su propia luz, incluso cuando parece apagada. Juntos avanzamos paso a paso hacia un día a día más sereno, donde cada uno recupera su lugar. Y donde la vida vuelve a ser un espacio de alegría y crecimiento